Mal poema de amor

A L.
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III
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Bajo la castrense fidelidad que me obliga amar,
me atrevo a nombrarte:
dulce canción de primavera, larga eternidad de belleza;
concupiscencia secreta de mi alma;
me atrevo a tocarte vana ilusión, te saboreo con cierto estupor,
imagino el próximo encuentro y satisfago
las ansias de revertir los traicioneros instintos que me delatan.
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Escasamente visible, es mi interior...

Es cuando tengo que aceptar,
que a pesar de lo trillado y malgastado que suene,
a pesar de que el corazón se me corrompa en el intento;
el cariño, la estima y el deseo es mutuo.
la concreción de nuestros cuerpos usados es necesaria,
la penetración de vida es inevitable.
Quedo mudo, ciego y tu te vuelves el bastón, las gafas.
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Tu aliento de mujer débil me reconforta...

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