Fiesta de Oza o de cómo el descontrol, el libertinaje y la farra se apoderarón de nosotros...

Publico aquí -con un retraso grosero y evasivo- algo que redacté hace, más o menos, diez días. Entonces estaba aún con la temible y siempre maldita resaca, lo que intentaré poner de excusa para los errores cometidos (situaciones olvidadas, exabruptos verbales, confusiones con los nombres, invención de sucesos que jamás ocurrieron -por esto último no pido que me dispensen-) .
En todo caso, para aquellos que no asistieron a la fiesta de Oza, les recomiendo revisar el Satiricón de Fellini (que es una película singular, donde Fellini representa la Roma de Nerón: libertinaje, escaramuzas, farra, subjetividad al máximo, desfachatez, descontrol...)

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Ahora que trato de recordar (el recuerdo se hace más penoso cuando tienes un agudo dolor en la sien, algunas náuseas y mucha, mucha sed), la primera imagen que se me viene a la cabeza es verme junto a Ivonne (lo lamento, no pude cambiarte el nombre, porque olvidé cuál me dijiste que te pusiera) bebiendo un poco de ron puro, ya estaba amaneciendo y Fernando, a mi lado, me granputeaba por no poner música de Soda estéreo.

Para ese momento, seguro que ya bordearíamos las cuatro o cinco de la mañana, el bullicio se había calmado, Oza había dejado de llorar, Jose Carlos y yo nos habíamos apoderado del equipo de sonido y cantábamos a viva voz -y creo que con sentimiento- algunas canciones de Serrano y Rodríguez. Muchos yacían muertos en el sillón (entiéndase la palabra “muerto” como el estado post-etílico de la ingesta ¿irresponsable? ¿Irreverente? ¿Liberatoria? de licor en grado sumo); el baño aún estaba mancillado por las emanaciones nocturnas de los compañeros; en algunos rincones de la sala se podía vislumbrar los pedazos de botellas rotas, que no fueron sujetadas fuertemente por las manos resbalosas (“Se jodieron porque ahora pagan una luka por botella”, me dijo alguien que no recuerdo: ya estaba ebrio para ese rato).

Bailar. Beber. Flirtear. Sonreír. Beber. Bailar. Flirtear. Volver a sonreír “Yo no bailo, yo me divierto” ¡Salud!

Creo que llegamos como a medianoche Arturo, Ernesto y yo; veníamos de un encuentro con el asesino del monstruo, veníamos de saludarlo, de escucharlo y de apreciarlo; se hicieron contratos en servilletas de papel, se soñó con grabar artesanalmente. Se bebió, se disfrutó, se contempló la vida desde el breve y sencillo estado de extra sensibilidad que te otorgan las libaciones con el licor.

Los ánimos ya empezaban a establecer la conducta dionisiaca de la noche. Saludé, bailé, bebí. La noche pasó entre joda y joda, entre sacarle el número a la señorita de tatuaje tornasolado, entre no perder la cuenta de los pasos al bailar, entre comer poco ají por la gastritis que aún no me da, entre admirar como algunos pueden abrir con sus dientes las cervezas (Raulito-Love: a mí me duelen con solo masticar un frágil hueso de pollo), entre aparentar que no llegué ebrio a la fiesta y que recién allí me emborraché.

Si se tuviera que definir con una palabra la fiesta de Ozita (para quienes no saben quién es Ozita, ella es una mujer de dieciocho años –recién cumplidos, justamente lo que celebrábamos era su cumpleaños–, de modales estrictamente claunezcos, simpática, muy desvergonzada cuando se trata de decir la verdad, bonachona, siempre se toma la molestia de compartir sus cigarrillos con este insolente hombre). Decía que si se tuviera que designar en una palabra la fiesta de anoche, yo le otorgaría el título de acogedora.

Más allá de que alrededor de las tres de la mañana se haya desatado un cambalache de “se acabó la fiesta / pero señora…”, “ya no más trago / es que solo nos quedan estas tres botellitas de ron…”, “todos están mal, se pueden quedar, pero ya no tomen / …”, que desencadenaría en las lágrimas de Oza y la indignación general de todos. Más allá de todo esto, la reunión por el onomástico decimoctavo de Fiorella (este es su verdadero nombre), fue una experiencia bastante singular, curiosamente buena.

Recuerdo a Helí preguntando masivamente sobre la creación mental de un cubo en el desierto, recuerdo a un amigo cercano queriendo afanar a la señorita que justamente tenía enamorado, recuerdo haber vislumbrado la bola sicodélica -esa que tiene encima pedazos de vidrios rotos y que se coloca en el centro del lugar- partida en dos (hay que hacer una colecta para comprar otra), recuerdo saltar alborotadamente con los Enanitos Verdes (para los conocedores fueron “Te vi en un tren…” y “El extraño de pelo largo”, las melodías que provocaron mi afonía del día siguiente).

Además, me es imposible no mencionar las sacrificadas bolsas (multicolores, desdichadas… pobre de ellas) que recibieron la devolución de la ingesta consumida (en ese momento el baño estaba abarrotado) por los compañeros “pollos”. Se usó el sanitario, el lavadero y hasta la ducha. Alguien comenta que utilizaron un cepillo de dientes. Se prohibió tomar dentro de la casa y nos tuvimos que ir a la calle, al pasillo (“¿Acaso este pasadizo es parte de la casa de Oza? ¿No verdad? Entonces podemos chupar acá no más, tío”). Arturo nos hizo salir a las dos de la mañana (las dos de la mañana en la terrible avenida colonial: cuna de tantos avezados dipsómanos-vagabundos-drogadictos) para acompañarlo en la espera de su padre, que ya venía a recogerlo: el único problema consistió en que nunca llamó a su padre, para avisarle que ya lo estaba esperando, lo que provocó que estuviéramos en ese paraje tan peligroso sin ninguna razón. “Puta madre Arturo, cómo jodes la noche…” “Muchachos, ustedes saben que yo los aprecio mucho…” (Aquí continúa un discursito ya conocido, pero que tiene de novedoso el que en medio de éste, Arturo se ponga a cantar –con muy buena voz- un bolero maravilloso).

Regresamos y su amigo me dice que han pasado y le han golpeado, un empujón agresivo, hiriente… trato de ver quién ha sido y me explican que fue casualidad, no intencional, que no lo hicieron apropósito; entonces me acerco al agredido -trato de calmar los ánimos, probablemente el violentado quiera venganza- pero éste está quedándose dormido, es más, ahora el amigo-testigo me comenta que nunca sintió nada, que si lo empujaron, le escupieron o lo ultrajaron, este está demasiado borracho para sentir algo.

La fiesta acaba cuando el sol aparece y Ozita me granputea por haber cambiado accidentalmente a Frank Sinatra. La muchedumbre se retira en grupos, la señora está baldeando y alguien nos incita para limpiar los destrozos: barremos, sacudimos, ordenamos… todo menos acercarnos al baño… se ha vuelto el lugar intocable, es el lugar santo, la tierra incognoscible.

Después de esto el recuerdo es más confuso aún. Creo haber cantado “Al lado del camino” desde el celular de David. Alguien me comenta que bailé y estuve abrazado un buen rato junto a quien nunca creyó verme. Luego es Ernesto quien me lleva (es el que más lúcido terminó de toda el homenaje dionisiaco) nos subimos a un bus que no correspondía, confundidos, nos bajamos más allá. Caminamos mucho, conversamos de algo, nos despedimos.

En el trayecto de regreso duermo y la gente que viaja a mi lado se espanta con el olor que llevo encima. Esta vez no siento nauseas, esta vez no hay nadie que increpe el porqué tomamos. Esta vez regreso tranquilo… al menos eso parece.

9 comentarios:

sut'uch dijo...

ja, ja
comenta..el siguiente.

Gabriela Parra dijo...

Wow! estuvo interesante.

Sentí que embriagarme con usted y todo.

Saludos Señor Extraño =).

ÉGONA dijo...

acogedor?

no jodas tío, eso fue SATURNAL y punto

Anónimo dijo...

mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm asu que buena juerga la tuya.......te has vuelto fiestero ............bien por ti

Anónimo dijo...

Vaya Bolo, qué buen sabor de boca me ha dejado esto... no preguntes el porqué, ni yo lo sé exactamente.


xD!
Oza!

digler dijo...

buena bomba

Anónimo dijo...

ese anónimo que le dice a BOlo que le ha dejado un sabor en la boca, es porque se han besado. Sao!

Epidemor dijo...

jajajaj qué tal bacanal. Demasiado divertido para mi, pero muy aducuado a ustedes, disfruten la vida!

Cuando unas chelas? jajaja

Hombre Extraño dijo...

Alfredo, se supone que usted debería -por estos tiempos- comprometerme a los asuntos más disparatados de la región, desacreditarme delante de los ángeles, sabotearme los sucesos de conquista... pero no está, se extraña su sombra.

Gabriela, usted se embriagará más con el nuevo acompañante que fortalecerá sus lindos y extraños
senderos.


Égona ¿Cuándo me enseñas nuevamenmte lo putamadrezco que puede ser una obra de teatro?

L, usted deberá recordar, tanto como yo, aquella escalera blanquecina en la que solíamos escondernos... ¿Cuándo la visitamos de nuevo?

Oza, este delirante nocturno se siente honrado de tu presencia en este recóndito espacio de la red. Aunquecreo que lo del sabor de boca... se vio mejor escenificado en la celebración de gabi ¿NO?

Digler, la bomba mejor -o peor, tal vez- fue la de la celebración del cumpleaños de Gabriela... qué endeja más grande.

Anónimo 2, definitivamente usted deserta en sus predicciones mentales... lástima que sea así.

Epidemor, usted siempre se escapa de las reuniones etúilicas que se comparten dentro de la Facultad... ¿qué pasó con el blog?

Saludos y gracias por pasar.