Regreso del paraíso, que no es otra cosa que el infierno enmarañado...


Ahora que bajamos del paraíso, que no es otra cosa que el infierno enmarañado... ¿Podremos contemplar (mirando con los oídos, oyendo con los ojos, hablando con las manos y oliendo con la lengua) de la misma manera la realidad?

Porque a pesar del silencio, que es más fuerte que nuestras conciencias, yo podré navegar por cualquiera de tus caminos... al final, todos, cualquiera, me conducen a manantiales de aguas inexplicables y heladas.

Las ganas de fumar se evaporan, tus senos se palpitan mejor en la oscuridad. Con mis crayolas retrataré el casual evento de este viaje. Porque el hombre se hace más hombre cuando contempla la armonía, hallada muy lejos de la ciudad y sus horarios cuadriculados, de sus sonidos primitivos y estúpidos, más lejos aún -como cantaba el poeta- de sus habitantes de ropas e ideas vacías.

Y la desilusión es inevitable. Retornamos con la cara y la conciencia empolvadas, con las satisfacción de un encuentro casual con el paraíso, con el desánimo de reencontrarse con la realidad...

Porque aquí se volverá a depender de sus caricias y del humo, de unos libros y del tiempo. Somos los novísimos esclavos del 21: con sus cadenas llamadas mochilas, maletas, maletines o morrales. Poseyendo el número de reo en el DNI, juzgando a matar, jugando a morir.

Espero que quede el recuerdo de que un hubo un lugar, probablemente el cielo o muy cerca a él, donde nos sentimos dichosos, siquiera una vez.

3 comentarios:

LA NEGRA BEAT dijo...

dios esto es muy absurdo, el que estemos aquì como unos borregos haciendo heses de aquì a allà

joder joder joder
què hacemos
suicidio colectivo?

nahhhhhhhhh
otra cosa se nos acurrirà

SIN CALZÓN dijo...

Felices los dichosos, apenados los tristes, coléricos los enojados... Cada cosa en su lugar, pero el desorden en las emociones es fascinante, sin embargo, el cielo es uno. Y yo también.

PD: Esperemos que el paraíso cristiano tenga algo de infierno.

AZAÑA ORTEGA

CÉSAR ANTONIO dijo...

Y ojalá podamos volver algún día a esa fábrica de las reminiscencias.

Saludos.