Sodomías I


Cada vez que está ebrio, él la insulta y la golpea cuanto puede y quiere. S* no muestra resistencia: se queda callada, apenada, con la mirada perdida en los labios de él: recibe los insultos, recibe los golpes y no dice nada. Pero cuando él le fuerza el jean –sin que la violencia de sus ataques haya reducido– y va introduciendo sus ponzoñosas manos bajo sus bragas, ella empieza a sentir ese pequeño ardor que tanto le gusta. Entonces le importa muy poco que lo hagan en el zaguán de alguna casa a medio construir o en ese parque de abundantes árboles que impregnan el paisaje de una lúgubre oscuridad y que a ellos, los oculta muy bien… no, no importa, basta con que lo hagan para que S* se sienta bien y espere –ansiosamente– el siguiente encuentro.

5 comentarios:

César Antonio dijo...

AMOR CON ROCK

Un poco de rocas
para destruir
amar con violencia
brincar las cuerdas
sobre el abismo de las notas
un acorde
un delirante punteo
te odio
o te quiero
entre todos mis ruidos.


César Antonio

Vértigo dijo...

Difícil situación.

Anónimo dijo...

El amor es tan triste como los dolor y el placer que se siente luego de ese tipo de reconciliaciones.

One Wrecked Mind Full of Thoughts dijo...

Another violent episode of a mind related with pleasure, with pain:

http://poeticspasm.blogspot.com/2009/09/love-story.html

Reminds me a song of the Chili Peppers as well (don't know why): Taste the Pain.

SIN CALZÓN dijo...

Me recuerda a... En fin.

Oe —ya que quieres que te lo recuerde, señor amnésico— no te olvides para el lunes.

AZAÑA ORTEGA